UNAS GOTAS DE
SURREALISMO PARA LOS DIBUJOS
DE JERÓNIMO SALINERO
Verdes esponjas. Burbujas. Un mascarón de proa y el azogue sobre el que resbalan todos los anillos-volutas que van cayendo en la trampa. Los amarillos pálidos son quizás un poco engañosos. Disimulan el ojo que hay detrás o las radiografías de algunos náufragos incrédulos que un día navegaron por este planeta. Eran acaso gentes que se alimentaban con letras de máquinas de escribir.
En la sutil frontera que separa el gran roquedal acantilado, de la nada, del vacío, el gato duerme sobre una silla, esa que alguien olvidó bajo la carpa del circo. La bombilla apagó con saliva sus filamentos.
¿SIMETRIA? - ¡NO!
Levantemos nuestras copas doradas, grises, anaranjadas, azules, para que no se escapen los signos de los cuadros.
Algunas gotas se han derramado sobre esos cielos-paisajes de no sé qué misterioso espacio de intemporalidad, testimonio de cada ser o mejor de cada transfondo del ser.
Ahora las manchas se deslizan, se extienden gradualmente, sigilosamente, con la sagacidad que sólo puede tener el color.
Los dibujos comienzan a multiplicarse. Ya son cientos, miles, reflejados en los espejos que llevamos todos nosotros. El viento intenta formar una espiral con los fragmentos de cada obra. Flotan los latidos, los indicios, los titulares de los periódicos, los arañazos, la cal, las señales luminosas de los anuncios, la intermitencia de los semáforos,, las tijeras, los torsos femeninos.
Los blancos y los negros, ajenos a la provocación, juegan su eterna partida de ajedrez y no tiemblan ante el minuto que está por llegar.
Jerónimo se alarga, se adelgaza, parece que se evapora en desintegradoras atmósferas. Casi toca el cielo, alcanza el sol y lo mete en su bolsillo para descender. Los entusiastas ríen y aplauden. Los puristas babean verde y amarga bilis.
Macoterano de raíz, es siempre arrastrado a la fuerza magnética de la corteza del árbol, el berrueco que se sabe testigo del silencio y el grito. Repitiendo unas formas, rectificándose a veces a si' mismo, intentando explicar lo inexplicable.
Desde la "figura'' hasta la "desfigura" los fantasmas van surgiendo del pantano, del estiércol, de la calzada brillante, húmeda por la lluvia.
El artista, en primera persona grita con André Bretón: "Todo conduce a creer que existe cierto punto en el espíritu, donde la vida y la muerte, lo real y lo imaginario, el pasado y el futuro, lo comunicable y lo incomunicable, lo alto y lo bajo, terminen de estar percibidos contradictoriamente"
TERESA SOUBRIET